Angustias: ¿No ira usted a decirme ahora que esto es un augurio?
Feliciano: ¿Qué podría ser si no?
Angustias: ¿Casualidad tal vez?
Feliciano: ¿Cómo es usted tan candida Doña Angustias?, es bien sabido que no existen las casualidades, como yo le decía, mi suerte tiene que cambiar, y esto no es más que el primer indicio
Angustias: Sin duda no puede ser más que eso, ¿se ha fijado que es de chocolate?
Feliciano: No sea usted negativa que por algo ha de empezarse, ¡oh, afortunado de mí! Fíjese que nadie la ha abierto y esta en buen estado
Angustias: Pues coma, coma usted a gusto.
Feliciano: ¿Gusta usted?
Angustias: Pues no debo de gustar mucho cuando camino con usted…
Feliciano: No sea rancia Doña Angustias, ¿Sabe qué? Quédesela usted, a ver si se endulza usted el carácter
Angustias: ¡Por piedad! ¿Quiere usted dejarme en paz? Las casualidades existen, voy a ponerle un ejemplo. Hace no mucho que yo casualmente conocí un caballero, caballero noble y virtuoso, de una belleza de ensueño, y vine hoy a buscarle pero el no quiso que le encontrara, así pues me encontré perdida y en una gran confusión, que fue cuando casualmente le pregunte a usted como salir de este maldito sitio, pues yo conozco la salida, mas no soy capaz de tomarla.
Feliciano: ¡Bravo!, ¡bravo!, ¡me encanto el relato!
Angustias: Masculla: Hoy acabaré matando a alguien. ¿Ve o no ve usted lo que le digo?
Feliciano: Escuche un estupendo relato, ya le digo que me apasiona, pero esos hechos ya los conocía, como la conozco a usted
Angustias: Esta usted acabando con mi paciencia, ¿acaso no pude haber preguntado a cualquier otro?, ¿no se da usted cuenta de hasta que punto fue casual mi elección?
Feliciano: Claro que no, esta usted equivocada, me pregunto a mi por que era de la única persona de la que podía fiarse, por que sabia usted que yo era esa persona.
Angustias: ¡Pero si yo a usted no le conozco!
Feliciano: Pero yo a usted si Doña Angustias, y si no me he presentado antes fue por que usted nunca me invito… pero ya me harté, llevo aquí desde sus vacaciones Doña Angustias.
Angustias: ¡Imposible, si yo vigile bien!
Feliciano: Usted se había ido, no hacia falta aquí y nadie le reclamó. Todo el mundo era feliz en esta casa.
Angustias: Pues ahora he vuelto
Feliciano: Ya, ya lo sé, cuando el se fue yo ya le esperaba.
Angustias: ¿ah si?
Feliciano: Si, sabía que regresaría
Angustias: ¡Pues mire usted que bien, pero en esta casa no caben dos!
Feliciano: Pues no le queda a usted más remedio, así que vaya usted a ver el hueco que le prepare en el armario y no me descoloque la ropa.
Angustias: Esto no puede ser, en esta casa solo hay una habitación.
Feliciano: ¡ay! Doña Angustias, usted y yo vamos a ser compañeros de cama por algún tiempo y eso es algo que no decidimos ninguno de los dos.
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